Abuelos al borde de un ataque de nietos, de Leopoldo Abadía

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Leopoldo Abadía siempre ha destacado como un preclaro economista, pero ahora se destapa con este libro de índole más familiar y hasta social, tal y como está el tema de la conciliación laboral.

Los abuelos y su nuevo rol como empleados de la guardería más socorrida. Una innegable realidad que resulta muy interesante abordar. Pero la realidad tiene sus aristas, y con un tono de humor, el bueno de Leopoldo pone los puntos sobre las ies en este libro Abuelos al borde de un ataque de nietos.

Porque los abuelos no siempre tienen la salud apropiada, ni la vitalidad necesaria para ajustarse al ritmo de los pequeños vástagos de sus propios hijos, ni tienen porque asumir la obligatoriedad de un contrato en segundo grado.

Pero en la mayoría de los casos siempre están ahí. Porque el amor todo lo puede, y aunque al acabar el día sientan que cada uno de los huesos de su cuerpo está al borde de la dislocación, mientras que la fatiga mental por fin encuentra un tiempo de sosiego. los abuelos se emplearán a fondo con esos pequeños nuevos herederos de su amor y su cariño.

No se trata de encontrar pautas exactas que seguir para conseguir un ajuste total en el notorio salto generacional, ni para suavizar el encaje de las costumbre de unos y otros tutores naturales y ocasionales, lo que aporta este libro es más bien la lucidez del ejemplo, el humor para sobrellevar el asunto y algún consejo seguro hacia esa convivencia más fácil.

Los abuelos asumen su papel de cuidadores pero no siempre de educadores recelosos. Esa tendencia a la cesión ante el capricho no es algo siempre negativo ni reprochable. La figura de los abuelos ha sido un poco así desde antaño. La sobrecarga de referencias y pautas hacia una educación perfecta conduce a pensar a los padres a que deben prolongar su férrea mano una vez que entregan los hijos a los abuelos. Flexibilizar esa idea es un buen punto de partida. Unas figuras representan una cosa y otras otra. No es plan de adoctrinar ahora intensamente a los que te intentaron educar a tí en su momento, con más o menos acierto.

Un buen abuelo no es el reflejo de lo que se imagina que debe ser el progenitor, el buen abuelo lo empieza a demostrar con el mero hecho de encargarse de esos pequeñitos de nuestras casas. Es cierto que siempre hay extremos que comentar y en los que la patria potestad debe preponderar. Pero considerando todo lo que hacen por tí, lo más que puedes hacer es darles las gracias.

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