La puerta de las tinieblas, de Glenn Cooper

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 El escenario supuesto del que partía esta novela, presentado comercialmente como “un mundo poblado por los personajes más abyectos de la Historia” me llamó la atención. Porque en eso de escribir sobre personajes abyectos, uno ya tiene su experiencia.

Lo que el libro La puerta de las tinieblas hace es servirse una vez más de la ciencia ficción para confrontar nuestro mundo con una realidad sumamente adversa. El hombre manipulando su destino y encontrando en el procedimiento los más abominables demonios.

Desde Abajo, los personajes históricos que una vez fueron confinados a un particular destierro regresan a la Tierra. Como en un juicio final provocado por el hombre, el mal parece materializarse en ese negro destino que los recuperados desde el infierno pueden escribir libremente una vez recuperados para la causa.

La situación es provocada al modo de un Ministerio del Tiempo, la serie española que triunfa actualmente, con un punto de mayor sofisticación tecnológica, con un conocimiento de los entresijos técnicos que el MI5 inglés conoce y manipula y con una ambientación más negra y fatalista propia del thriller.

El encendido de un colisionador de partículas abre el corredor de partículas capaz de unir el mundo real con ese limbo científico donde estaban apartados los aviesos personajes. Por si fuera poco, su desastroso encendido afecta a muchos otros habitantes del planeta, generando un ambiente general de alienación que anuncia una crisis para la humanidad.

Una vez destada la pesadilla el desafío se presenta como una misión para John y Emily, los únicos que asumen la necesidad de desvelar la verdad y tomar cartas en el asunto para evitar la catástrofe. Nada estará de su parte, la narración avanza sin visos de solución. Solo la voluntad más firme, o desbordada ésta, la confianza en un destino liberador podrá recuperar un mundo al borde del abismo.

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