Háblame bajito, de Macarena Berlín

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La deformación profesional resulta en ocasiones maravillosa. Con el libro Háblame bajito, todos pensamos, acertadamente a mi entender, en el programa radiofónico Hablar por Hablar que la autora Macarena Berlín nos presenta en las madrugadas.

Y hago mención de la deformación profesional porque Pita, la protagonista de esta novela se nos presenta a caballo entre su rol de directora de un programa de radio y su candidatura a interviniente espontánea en un programa de radio de madrugada.

Pita podría ser una de esas voces a las que Macarena deja hablar, comunicar, transmitir a las ondas lo que ocurre con una vida que ya no parece suya, que se le escapa de las manos. Esta circunstancia aterra a Pita, como nos ocurre a todos los que descubrimos como el timón toma una dirección no prevista en la singladura de nuestro destino planificado.

El vacío, el miedo a esos más que posible vandazos del destino se capea como se puede cuando sobreviene. Pita es una mujer plena, en su aspecto más social. Pero el hueco interior siempre está ahí, esperando, acechando a un cambio de circunstancias para manifestarse en plenitud.

De Pita aprendemos que el miedo es necesario. Necesitamos un miedo interno que nos lance a superarnos, que nos enfrente a la vida. De otra forma, en una vida sin miedos superados puede darse el momento en el que el vacío se lo coma todo, incluso al destino.

Me parece muy oportuno cerrar esta reseña con una idea asociada, la que nos planteó Milan Kundera en otro libro existencial, La insoportable levedad del ser:

“El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores. No existe posibilidad alguna de comprobar cual de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro”.

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