La chica que leía en el metro, de Christine Féret-Fleury y Nuria Díaz

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Ilustrar un libro tiene algo de interpretación mágica. Lo que el ilustrador finalmente representa accede a ese espacio íntimo en el que conviven el susurro del escritor y la voz interna del lector, una conversación en cuatro dimensiones desde el plano único de la página x. Y el buen ilustrador tiene ese don para captar la conversación.

Nuria Díaz demuestra en este libro que pertenece a ese grupo de los buenos ilustradores. Claro está que la historia debe merecer la pena, debe transmitir, ofrecer la empatía necesaria que provoque la conversación y que invite a inmortalizar en una ilustración que tome vida en combinación con las palabras.

Sin duda la excusa, el argumento, merece la pena. Juliette, la protagonista de la historia tiene unos ojos privilegiados…, nada que ver con el color de su irirs, ni con su capacidad visual. Me refiero a la capacidad para ver, observar e imaginar en un único vistazo. Su golpe de vista lo abarca todo. Cuando viaja en el metro le fascina descubrir a lectores embaucados en sus aventuras en papel. Una rutina maravillosa los concita a todos allí, en sus asientos del metro pero trasladados a mundos lejanos o ideas remotas.

Juliette, no obstante, decide escribir un día su propia aventura. No es que se ponga lapiz y papel en mano. Tan solo es una decisión rupturista con su rutina. Se baja del metro antes de llegar al trabajo… y a ver qué pasa.

Porque Juliette admira el brillo de la literatura en cuanto al viaje guiado que supone leer. Le gustan los libros y las gentes lectoras, pero también ansía un cambio, una novedad, una aventura imprevista que la sorprenda y la reviva de alguna forma.

Y ella también acaba emprendiendo un viaje fabuloso, una aventura de las que leen los lectores en el metro y que quizás sea leída mañana, cuando alguno de ellos, los lectores, abra un nuevo libro aún no escrito hoy.

Podemos imaginar a una Alicia que se baja en la estación de Atocha para encontrar su país de las maravillas, o a Judy Garland sometida al capricho de un huracán de Kansas reconvertido en una corriente de la última estación de metro. Lo que le ocurra a Juliette dependerá de su voluntad por hacer de su vida la más apasionante de las aventuras.

Ya puedes comprar el libro ilustrado: La chica que leía en el metro, una obra de Christine Féret-Fleury, ilustrada por Nuria Díaz, aquí:

 

 

 

2 Comments

    • Gracias a tí. La verdad es que lo de la ilustración siempre me ha fascinado. Yo también he colaborao con ilustradores y hacéis cosas alucinantes

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