Caen estrellas fugaces, de José Gil Romero y Goretti Irisarri

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Me gustan las novelas que parecen guiones de cine. Me resulta una sensación gratificante para la imaginación, pues parece como si las escenas se compusieran mucho más rápido, una especie de 3D para el lector, potenciado por ese efecto inalcanzable de lo imaginado por cada uno de nosotros.

Si a ello le añadimos un toque fantástico a lo Tim Burton, y un misterio que engarza toda la historia, me atrevo a decir que el libro Caen estrellas fugaces es una gran obra literaria.

Porque al final ¿quién dicta lo que es una gran obra?. Tú y solo tú como lector puedes ser el más certero crítico. Por mi parte, tan sólo te dejo MI opinión.

En un evocador ambiente decimonónico, con ese aspecto de modernidad del momento que rezumaba en una ciudad como Madrid, ocurren repentinamente extraños sucesos meteorológicos. Para encontrar respuestas conococemos a dos investigadores antagónicos. De parte de la razón y el empirismo se nos presenta al típico científico de la época. Como representante de lo esótérico y lo fantástico nos encontramos a una joven vidente a la que muchos consideran una demente, mientras que otros confirman lo cierto de sus visiones.

Los personajes son una alegoría de la época, un equilibrio imposible entre lo que la ciencia ya apuntaba cuando la mitología continuaba alertando con el poder del mal sobre cualquier anomalía que aconteciera.

Madrid se transforma en un fabuloso escenario. Con un juego de color y oscuridad en sintonía con esa sociedad polarizada entre lo tangible y lo fantasioso.

Puede que lo importante no sea resolver el enigma, ya sea convertido en una fórmula científica o anunciado como un fin del mundo, quizás lo importante sea ver cómo la gente creía y cómo la ciencia, a la postre, nace de la imaginación…

O puede que sí, puede que realmente haya un infierno que ya enrojeció en su momento el cielo de Madrid.

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