El coloso de nueva york, de Colson Whitehead

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Nadie mejor que un escritor habitualmente de ficción como Colson Whitehead para presentar una ciudad que vive entre la realidad de ser ciudad universal y la ficción de constituirse como ciudad cinematográfica por excelencia.

Los ojos de Colson son una herramienta incomparable para ese visionado de la gran manzana como una urbe siempre por descubrir. Todos los que hemos viajado en alguna ocasión a esa meca de occidente regresamos con impresiones y sensaciones inolvidables. Nueva York es una ciudad amiga y a la vez una alienado espacio irreal donde dificimente se puede compaginar una vida familiar a la vieja usanza.

Nueva York es una ciudad de jóvenes soñadores y de ricos capitalistas, un contraste de opulencia y carestía, una riquísima amalgama de barrios con identidad cultural propia que borra todo lo que les circunda en cuanto penetras en ellos. Un domingo en el Harlem huele y sabe a ciudad tribal, un momento de relajación en Central Park te conduce hacia una extraña sensación selvática en el corazón de la gran ciudad, una noche por los bares de Chelsea te acerca a gente deseosa de trabar nuevas relaciones…

El relato de Colson Whitehead parece escrito por un alma viajera que acaba de aterrizar en la ciudad y que va perfilando negro sobre blanco todo lo que descubre. El autor afroamericano nos conduce por una ciudad llena de música, un jazz capaz de improvisar ante una ciudad mutable de un día para otro y que, pese a ello, siempre sorprende y magnetiza.

Nueva York como el eterno nuevo mundo; una ciudad dispuesta a recibir a todos pero cruda y antojadiza para los buscadores de su gloria. Una ciudad donde la soledad se erigue entre sus rascacielos, una urbe atacada por intensos inviernos y castigada por inmisericordes veranos, pero que sigue manteniendo otoños que tiñen de naranja Central Park y que lo hacen florecer rabiosamente cada nueva primavera.

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