El río guardó silencio, de Luis Esteban

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Cuando en su momento leí el libro La víspera de casi todo, de Víctor del Árbol, consideré el indudable aporte literario que otorga una profesión como la de policía. El trabajo en la calle, a la búsqueda directa de los escenarios donde se desarrollan los aspectos más crudos de nuestra sociedad, confiere de un conocimiento del alma humana en su estado más feroz.

En este libro El río guardó silencio, volvemos a encontrarnos con un policía documentado de primera mano para cualquier trama que se le ponga por delante. Zaragoza, mi ciudad, se convierte en ese espacio donde proyectar tantas y tantas experiencias reales transformadas en la imaginación para presentar una novela negra de impecable trama y espectacular resolución.

Con un lenguaje evocador y preciso, con un dominio abrumador del lenguaje para transmitir las sensaciones e ideas pretendidas, Luis Esteban se adentra en la resolución de dos casos entrelazados.

Ambas ramificaciones de la trama comparten en síntesis la idea de la prostitución (masculina y femenina), su peligroso mundo y sus habituales ignominiosos escenarios. Y en torno a ellas se tratan aspectos sensibles como la homofobia, como cualquier fobia llevada al extremo del más violento de los odios.

Porque El río guardó silencio es una novela negra, policíaca, una trepidante historia donde deambulan sobre la cuerda floja todos los personajes, desde el inspector de policía Roy hasta las víctimas que van apareciendo, incluyendo a personajes que debieran pertenecer a escenarios más granados de la sociedad.

John Wayne como personaje indirecto. Su foto sobre el cadaver de un chapero. La idea de un asesino homófobo como punto de partida para ir adentrándonos en una historia sórdida, con ese conocimiento de lo que se cuece en los bajos fondos por parte de un autor doctorado en asuntos sórdidos, gracias a su desempeño policial en la vida real.

Pero lo que pensamos circunscrito a la parte más baja de nuestra sociedad, a las noches y a los tugurios de la ciudad, acaba salpicando hasta a otra parte de la ciudad, donde se mueven los tipos trajeados y las mujeres elegantes.

Zaragoza y sus fiestas del Pilar como bullicioso trasfondo que da cabida a todo tipo de excesos, incluso los que puede provocar la violencia y los instintos homicidas.

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8 Comments

  1. Esperaba la clásica novela negra y me he topado con algo más original. Divertida, con tintes irónicos y con cambios argumentales no esperados. Me ha gustado mucho, aunque a veces abusa de terminología anticuada. Pero se hace sencillo de leer. Se disfruta.

  2. Yo soy una ávida lectora y seguidora de pasapalabra, me compré el libro por curiosidad y no sé si mi comentario le llegará, pero creo hay que darle tiempo, puede tener muchas historias por sus vivencias y en el momento en que deje de tratar de mostrar su sapiencia, sus libros ganarán mucho. Bueno hay una cosa que no puedo dejar pasar “desandó”, es desanduvo, por lo demás demosle tiempo.

    • Puede ser que haya cierto exceso de retórica, pero quizás por estar ubicada en mi ciudad, la trama me cautivó.
      Sin duda mejorará hacia un lenguaje más cercano. El oficio es lo que tiene, se va ganando.

    • Los registros literarios son una elección de cada autor. Ahora prima el lenguaje llano y sencillo, pero se trata de una moda que ya veremos cuánto dura. Yo no creo que haya un exceso de retórica, más bien un uso cuidado y preciosista del lenguaje. Y hay lectores que agradecemos un registro narrativo distinto al habitual.

  3. Una novela policiaca sensacional. Además de la trama, toca temas actuales (homofobia, inmigración, política) con puntos de vista originales. El desenlace es maravilloso y los personajes están muy logrados. Ojalá haya una segunda entrega y el Inspector Roy se convierta en una saga.Es lo mejor que he leído últimamen en novela de intriga.

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