La dama del pozo, de Daniel Sánchez Pardos

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Todo lo que lleva la etiqueta “gótico” me crea, de entrada, una sensación contradictoria. Me he encontrado obras con esa ambientación que me han fascinado y otras que me han parecido un bodrio. Tanto en el cine como en la literatura. Especialmente la narrativa gótica ha dado para muchas derivaciones más que góticas, churrigerescas.
Y es que al final lo que prima, como casi siempre es el don, el genio, la creatividad ajustada a la intención creativa. En este caso, con la etiqueta indicada que anuncia la editorial nos introducimos en una ambientación ciertamente gótica pero sin estridencias, una novela negra con ese punto de fantasía en torno al propio terror que resulta plenamente convincente y afortunada, para mi gusto, of course.

Corre el año 1854 en Barcelona. El cuerpo inerte de una doncella aparece junto a un pozo, famoso por los mitos que se ciernen sobre éste. Desde el fallecimiento de “la dama del pozo” que da título a esta novela, se suceden otros nuevos asesinatos de similar calibre. La tétrica atmósfera se complementa conforme avanzamos en la historia con una interesante fantasía que encaja perfectamente con el imaginario decimonónico del pueblo, todavía inmerso en lo esotérico como punto previo a la incipiente modernidad.

Y sin duda nos vamos moviendo en un terror gótico que apasiona. Magistralmente conducido por el autor por medio de escenarios mágicos. Personajes como Octavio Reigosa, quien investiga los casos apoyándose siempre en el empirismo y la razón, o Andreu Palafox, el típico inventor con su halo de magia que alterna ciencia, un don especial con un punto de superchería, capaz de presentar inventos que se asemejan a la vida humana…, pues eso, que personajes como estos confieren ese aspecto mágico a lo tétrico y que redibujan las muertes, los asesinatos, con hechizantes pinceladas de fascinación sobre un final de la vida desdibujado entre lo fantástico.

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