La habitación en llamas, de Michael Connelly

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Al policía Harry Bosch se le encarga un caso entre lo esperpéntico y lo ridículo. Por lo menos así le parece de entrada. Que un tipo muera de un balazo diez años después de recibirlo parece más propio de una muerte natural posterior, desvinculada de una bala asesina con función memoria.

Pero el fallecimiento de la víctima acaba siendo asociado a una causa directa del disparo que se ha manifestado con esa década de diferencia, por lo que procede investigar de oficio quién puede ser el remoto asesino.

Junto a su compañera, la detectiva Lucía Soto, poco ducha en asuntos homocidas por su bisoñez en la materia, Harry empieza a indagar en un caso tan extraño como complicado.

Pero lo cierto es que las balas perdidas no existen. Siempre se acaban alojando en los cuerpos a los que se apunta, caprichos de las armas. Y Harry empieza a intuir esa voluntariedad por matar a la víctima, y considera los motivos por los que esta víctima no acabó participando a la policía del asunto en su momento.

En ese momento el clic del buen investigador se despierta en Harry Bosch y en el lector, quienes hasta el momento seguramente compartían cierta sensación de cómica sorpresa. Y efectivamente, hay más, mucho más que una muerte casual, de cuyo rastro el disparo de hace diez años parece haber quedado apartado como un mero accidente sin relevancia.

En el libro La habitación en llamas se nos presenta uno de los casos más particulares, extravagantes y a su vez fascinantes de la historia de la novela policíaca. Lo que se empieza leyendo como una historia casi de humor sobre un resabiado policía que parece burlarse del mundo. acaba ensombreciéndose hacia un secreto magnético, aquel que terminará por dar cumplida explicación al caso del hombre muerto diez años después de se tiroteado.

Una vez que entras en harina con la lectura de esta novela, dos interrogantes te asaltan página a página. ¿Quién disparó a la víctima? y ¿Por qué la víctima jamás dijo nada sobre lo ocurrido? Solo un secreto de colosales dimensiones pudo haberlo ocultado todo. Y la víctima estaba tan interesada o más que nadie en ese olvido…

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