3 mejores libros de Daniel Defoe

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1660 – 1731

Daniel Defoe debió ser escritor y solo escritor. Porque lo cierto es que sus otras facetas políticas y empresariales lo llevaron a mal traer. Tanto a él como a su amplia familia.

Pero quizás todo sea parte de lo mismo. Puede ser que precisamente por su vena escritora afrontara con la misma propensión bohemia y fantástica sus actividades sociales. (interpretación histórica libre del que aquí escribe).

La cuestión es que el gran escritor que fue quedó sepultado en su momento por el menoscabo de su figura pública a muchos otros niveles…, pero como diría Michael Ende, “eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión”…

En lo meramente literario, Defoe dejó un legado trascendentalísimo para otros escritores que vinieron después y, por supuesto, para millones de lectores que a día de hoy han repasado algunas de sus páginas más ilustres.

3 mejores libros de Daniel Defoe:

  1. Robinson Crusoe: Todavía hoy los ecos de esta gran novela resuenan en cualquier ámbito de creación literaria o cinematográfica. La gran idea del náufrago como personaje de cualquier propuesta creadora lanza al lector, espectador o contemplador a supuestos existencialistas bajo premisas que evocan a la aventura, a la libertad…, y al riesgo. Porque lo que le ocurre a Robinson Crusoe es que el ama la aventura con su riesgo inherente, y como reza la cita: “Qui amat periculum, in illo peribet” (Quien ama el peligro, perecerá en él). Solo que Robinson no perece, pues lo acompaña su emblemática suerte con la que podrá sobreponerse a la soledad y a mil nuevas aventuras que convierten esta novela en una de las más grandes del género. Robinson y su isla desierta, Robinson Crusoe el rey de la soledad, el dueño de las más hermosas puestas de sol, el último hombre sobre una solitaria faz de la Tierra. Simplemente imprescindible. 
  2. Diario del año de la peste: Entre 1664 y 1666 la peste castigó a la ciudad de Londres con extrema crudeza, reconvirtiendo la ciudad en una alienada ciudad sin ley donde la humanidad adquiría su natural ambivalencia desde la misericordia hasta la ruindad. En su momento, y aún hoy, esta novela con tintes de crónica conmovió a miles de lectores que descubrían todas las aristas de la cruel epidemia. Esta agresiva corriente de muerte lo destruía todo con la sutileza de un virus imparable, con la violencia de un enemigo invisible al que nadie puede plantar cara. La desesperación generaba escenas terroríficas por momentos y emocionantes en ocasiones. Un relato escalofriante de lo que pasó Londres en ese oscuro año. 
  3. Moll Flanders: En la Inglaterra de Defoe todavía quedaban muchos años para que naciera Connan Doyle y se despertara oficialmente el género policíaco. Pero, como en tantas otras ocasiones, todo hecho definitivo siempre encuentras sus pruebas, su especie de escaramuzas. Defoe detectó ese gusto por el relato criminal en clave de ficción, como una especie de cura para la realidad siempre más aviesa en la mente del criminal real que del escritor. Y claro, como el género en sí todavía no estaba establecido, Defoe se sirvió de una especie de propuesta popular entre lo pícaro y lo delictivo, una idea sorprendente que no fue del todo bien acogida en los sectores más críticos.