3 mejores libros de Hans Christian Andersen

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Hubo un tiempo en el que el cuento era un género exclusivamente infantil. La especificidad del género quizás empezara con Charles Perrault, se extendió con la tarea recopilatoria del acervo popular de los hermanos Grimm y alcanzó su máximo explendor con Hans Christian Andersen.

Y aquí varias opciones para hacerse con alguna edición especial que integre la totalidad o al menos los cuentos más populares de Andersen:

Puede que el inicio de esta entrada sea una atrevida síntesis que sin embargo establece una clara cronología en la historia del cuento infantil.

Pero lo más curioso de todo es que esos niños de multitud de generaciones y lugares que se criaron al cobijo de cuentos de unos y otros narradores, acabaron componiendo un imaginario subsistente en la edad madura, unos referentes sobre la moral, el bien y el mal, la superación de la adversidad y la añoranza del paraíso de la infancia.

No quiero decir con este que cuentistas posteriores y actuales no tengan su mérito cuando realizan esa traslación de la labor cuentística hacia una narrativa para adultos, nunca está de más retomar los orígenes lectores de cada cual en su necesario formato breve. De hecho, la definición de cuento no hace alusión alguna a su carácter infantil sino a esa naturaleza breve y a su formato habitual.

Pero justo es reconocer la cuna de cada cosa. Y más justo es evocar a Andersen como el escritor que cogió la batuta del cuento como la más brillante propia de creación propia para ilustrar a los más pequeños sobre los aspectos más diversos de la realidad con la fácil comprensión de la narración breve y ajustada al entendimiento del humano social en ciernes…

3 mejores cuentos de Hans Christian Andersen:

  1. El soldadito de plomo: Uno de esos cuentos que más me gustó cuando leí de pequeño, fue este acerca del soldado lisiado por falta de materia prima en su fabricación y enamorado de la más hermosa bailarina de todos los juguetes de la casa. Un cuento enternecedor que extiende su significado hasta el amor en la adversidad, la superación de las limitaciones, la crueldad pero también el humor. Una emotiva síntesis de lo que asoma a la vida de los adultos, ajustado a la necesaria perspectiva naif de la infancia. El símbolo del soldado siempre se me asemejó a la voluntad firme, a ese soldado que todo niño debe empezar a construir sobre su ser para poder sobrellevar lo que venga. El emotivo punto de tragedia, tras el fascinante periplo del soldadito apunta al amor romántico y a una especie de magia sobre lo inanimado…
  2. El traje nuevo del emperador: Uno de los cuentos infantiles que mayor trascendencia tiene en la edad adulta es este que narra las peripecias del emperador en busca del modisto ideal para su mejor traje. Tal como ocurre en El Principito, el prisma de la infancia sirve para desnudar (nunca mejor dicho en este caso) símbolos de la madurez. El engaño en el que podemos llegar a vivir, y que ha alcanzado actualmente un grado exponencial, se transforma en el fundamento para explicar cómo el rey es completamente confundido sobre la mejor tela para su traje, la más cómoda y agradable al tacto. El Rey finalmente es convencido de las grandes bondades del tejido y sale a la calle completamente desnudo. Todos parecen sucumbir a la magneficencia de la prenda, hasta que un niño demuestra la evidencia del tampantojo…
  3. Pulgarcita: En una línea similar al cuento de Alicia en el país de las maravillas, este cuento nos presenta a una niña diminuta, nacida de un deseo de una madre infertil. En una metáfora de ese embarazo imposible acaba naciendo Pulgarcita desde una flor. Los fabulosos viajes de Pulgarcita disparan la imaginación de los niños. Su pequeño tamaño sirve como mimetismo esencial para unos niños que ven todo demasiado arriba en el mundo de los adultos. Una aventura en la que el hecho de ser pequeña no impide a Pulgarcita luchar para salir adelante entre sapos, mariposas, flores y finalmente labrarse un destino fantástico. Interesante cuento para trasladar a nuestros peques…

 

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