3 mejores libros de Marguerite Duras

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1914 – 1996

Ser mujer y escritora supuso para Marguerite Duras un intenso conflicto familiar e incluso existencial. Sin duda su tránsito juvenil de una carrera a otra, con incursiones en las facciones política más comprometidas que incluso la condujeron a la Resistencia francesa contra el nazismo, denotan un vitalismo irreverente, necesitado de un cauce de expresión hacia toda liberación emocional e ideológica.

Se puede entender así el nacimiento de la escritora como una manifestación más de sus intensas inquietudes vitales. Porque además, una de sus obras más reconocidas: El amante ofrece una retrospectiva hacia aspectos controvertidos de su  propia vida, desde la celosía del cambio de nombres de los personajes.

Marguerite Duras se convirtió en un símbolo del feminismo sin quizás buscar una reivindicación expresa. Cuando Marguerite escribía con naturalidad sobre las tabús, sobre lo todavía prohibido para la mujer de su época, adoptaba esa bandera en favor de una mujer liberada.

Ningún sitio mejor que Francia, como país vanguardista en expresiones culturales del siglo XX como el surrealismo o incluso el experimentalismo, para que Marguerite Duras diera rienda suelta a su vena creativa, nacida de sus tensiones familiares, de sus naturales contradicciones y de su marcado vitalismo. Finalmente la autora comulgó con la noveau roman, una corriente que si bien no fijaba pautas muy claras, acogía a todo narrador que aportara heterodoxia y ruptura con la evolución clásica de la novela.

3 mejores novelas de Marguerite Duras:

  1. El amante: Hay novelas que trascienden más por su significancia social que por su consideración literaria más estricta. No quiero decir que esta novela no sea una interesante historia para que amantes de las tramas intensas, o que carezca de valor literario. A lo que voy es que finalmente el alcance transformador que consiguen sobrepasa a cualquier otro aspecto. Y siendo esta una estupenda novela que contiene intensidad y un hilo narrativo sugerente, decir que su valor social es mayor es terminar por encumbrarla, en este caso en el olimpo del feminismo, junto a Simone de Beauvoir, Virginia Woolf o Jane Austen, además de muchas otras… Todos hemos oído que la jovencita protagonista de esta historia es un alter ego de Marguerite Duras. Su acercamiento al amor carnal junto a un hombre adulto y adinerado rozó, y todavía roza la consideración de sexo instrumentalizado en el que la mujer sale mal parada (me refiero a las mentes incapaces de considerar a la mujer en plano de igualdad al hombre). El descubrimiento de este amor físico, sin embargo, es liberador, experimentador, abierto al mundo y a la figura de la mujer como un ser libre que no necesita permanecer bajo la tutoría de la moral social.
  2. El dolor: Ser un genio expone de manera más directa a la contradicción. La lucidez de los grandes creadores los enfrenta al vacío, al abismo donde conviven los polos opuestos. Vivir es contradicción desde que respiramos al salir del vientre materno, plenos de una vida que se va desgastando a cada nueva inspiración. En esta novela Marguerite Duras se abre en canal para ofrecernos un vistazo a sus más hondas tribulaciones sobre el amor y el desamor que conviven en un mismo espacio. La guerra es la máxima expresión de una enorme contradicción: matar por amor a ideales capaces de retorcerse hasta lo grotesco y lo absolutamente inmoral. La Segunda Guerra Mundial apunta a su fin. Una mujer espera el regreso de su marido desde el campo de exterminio de Dachau. Debería amarlo y considerar acompañarlo en su tiempo de vuelta a la vida. Pero ya no lo ama. Además, en el interín de la ominosa guerra la mujer contactó con un agente de la Gestapo al que odia y sin embargo también ama. Una fascinante tesis sobre la contradicción que nos envuelve que, no por hiperbólica, deja de ser dramáticamente real…
  3. Los ojos azules, pelo negro: ¿Puede un matrimonio llegar a ser un pacto de conveniencia vital? Dos extraños amantes yacen frente al mar cada noche. El pasado es una nebulosa en la que ambos compartieron algo que ya apenas recuerdan. Lo que desean los dos personajes no es todo lo que aman, o todo lo que pueden amar… Marguerite Duras sondea la frustración del amor contenido, quizás la homosexualidad. La contención y la sensación de decepción se convierte en el reiterado sonido de las olas que acunan a los amantes imposibles. Y al final el amor de esta historia es un pago por intentar evadir la soledad. Cuando realmente no hay nada que pueda hacer frente a la existencial deuda con el momento, con el presente, con los sentimientos que te conducen en ese fatal destino hacia la muerte.