3 mejores libros de Bram Stoker

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1847 – 1912

Considerando cronológicamente a Mary Shelley, Edgar Allan Poe y al propio Bram Stoker, se puede decir que el género de terror, con sus primeras ramificaciones góticas, despegó ya con fuerza en el siglo XIX como un género de masas a uno y otro lado del Atlántico.

En el caso de Bram Stoker, de la misma forma que ocurrió con Shelley y su “Frankestein o el moderno Prometeo”, su obra “Drácula” supuso una cumbre dificilmente alcanzable con nuevas propuestas narrativas. Hasta el punto fue así, que realmente el personaje de ficción de Stoker fagocitó la leyenda histórica.

Drácula es el vampiro por excelencia que Bram Stoker, el emblema absoluto. Un protagonista con ese halo inquietante desde la existencia real de Vlad Tepes. Drácula es la parte por el todo y cualquier referencia al vampirismo pasa irremediablemente por este personaje que se fue transformando y adaptando multitud de veces en nuevas tramas o películas. El ser malmuerto, la terrorífica alma en pena tiene ya connotaciones muy variadas como antihéroe admirado y cargado de erotismo en muchas adaptaciones.

Para los apasionados de este personaje o de las ediciones especiales, aquí podéis encontrar la edición más completa de “Drácula”, con exquisitas anotaciones, mapas e ilustraciones rescatadas directamente del imaginario del autor:

Pero más allá de Drácula, Bram Stoker supo mantener una bibliografía propia de gran calidad. En muchas ocasiones el autor decae tras presentar su obra maestra. No es el caso de este escritor irlandés coetáneo de Oscar Wilde, con quien incluso conformó un singular triángulo amoroso del que se podría hablar largo y tendido…

Pero ciñéndonos a lo literario, como digo, Bram Stoker escribió mucho y bueno. De su puño y letra nacieron interesantes novelas de misterio o de terror, siempre con la suficiente tensión narrativa como para ser capaces de aparcar el recuerdo de su eclipsante personaje Drácula.

3 mejores libros de Bram Stoker:

  1. Drácula: Realmente Vlad Tepes pudo ser un hombre bueno en sus orígenes y luego llegó el gobierno de su lado oscuro. Corria el siglo XV y el imperio Otomano trataba de expandirse hacia todos los costados. En esas, tras diversos avatares que incluso lo condujeron a ser capturado, y como príncipe de Valaquia y defensor de su tierra, se empezó a divulgar sus ominosas prácticas con los enemigos. Lo cierto es que no es nada que difiera mucho de cualquier mandatario en uno u otro grado en un siglo XV todavía no muy abierto a los derechos humanos ni a los crímenes de guerra. La cuestión es que Bram Stoker vió en él al protagonista ideal de su novela. Nada mejor que una especie de héroe con alma noble para poder acabar albergando la dicotómica idea del bien y el mal en una misma persona, apuntando directamente a todas nuestras contradicciones como seres humanos que podemos manifestarnos en uno u otro sentido del ser. La ficción propia del escritor acabó por dotar al Drácula de esa existencia sin alma, apoyándose en el toque romántico que suponía echar la vista siglos atrás, hacia una tierra exótica por entonces como era Transilvania. E origen de la novela, ajustado a un género epistolar, ha sufrido multitud de variaciones para cambiar tiempos y ritmo, pero la esencia se ciñe a lo narrado por el autor. Varias ediciones disponibles aquí:
  2. La joya de las siete estrellas: Un escritor de misterio y fascinado por los grandes enigmas de la humanidad no podría pasar por alto el encanto de la egiptología, una cultura nutrida de leyendas sobre la vida y la muerte. En esta novela emprendemos un viaje junto a Abel Trelawny quien convence a su hija Margaret y su novio Malcolm Ross para emprender un viaje a Egipto. Las intenciones del padre quedarán trastocadas por un gran secreto que alberga su propia hija, asunto que convertirá uno de los giros de la novela en un instante memorable. Por lo demás, la forma de conducir esta aventura entre momias y pirámides desvela un oficio ya consolidado tras el gran éxito de Drácula.
  3. La madriguera del gusano blanco: En 1911, un año antes de su fallecimiento, Bram Stoker publicó esta novela. El propio título puede entenderse ya como una invitación a un mundo fantástico, probablemente mucho más onírico e insondable que otras de sus novelas más sólidamente construídas. Quizás a sabiendas de que esta novela suponía una disrupción temática en el autor, acabó por cautivarme más que otras como La dama del sudario. Personajes de este mundo y de otro muy lejano donde los monstruos se convierte en símbolos. El propio protagonista de la novela, una serpiente, acaba adquiriendo la necesaria forma humana que dará sentido a la novela. Lady Arabella es esa serpiente que sabe cual es su naturaleza. Ella se acercará a los hombres para devorar su alma y sus riquezas. Dicen que soñar con serpientes tiene una connotación sexual… y también avanza por ahí la novela. Un ejercicio de liberación fantasiosa hacia el erotismo gótico, una trama de subtramas que conducen por un imaginario de esplendorsa decadencia, desconcertante y a la vez mágico.

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