3 mejores libros de David Baldacci

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Entre Daniel Silva y David Baldacci se reparten gran parte del pastel del género de suspense internacional, esa especie de herencia de los grandes escritores de novelas de espionaje como Tom Clancy Iam Fleming, Robert Ludlum, o el gran Le Carré, quien, todo hay que decirlo, aún tiene mecha para rato a sus ochenta y tantos…

Independientemente de las particularidades de estilo, de ritmo o de cualquier otro aspecto formal, todos estos autores comparten su identidad anglófona, pues es precisamente entre Reino Unido primero y en Estados Unidos después donde se patrimonializó históricamente ese aspecto entre diplomático y prebélico en el que se movió el mundo en el siglo XX y que aún actualmente sostiene muchos de los equilibrios sociopolíticos de nuestro mundo.

Pero regresando a Baldacci, en sus más de veinte novelas encontramos diversidad de argumentos que suelen girar en torno al espionaje más interno, a las agencias de inteligencia, a los servicios de interior, a esos cuerpos que buscan enemigos de la patria desde dentro, encargados de desinfectar brechas de la manera más aséptica posible.

Estados Unidos es uno de los paradigmas de esa agencias tipo CIA que extienden sus labores a embajadas internacionales pero también con ramificaciones internas. Control total desde el pueblo remoto del propio país hasta la montaña más lejana de las antípodas.

Y claro, el asunto da para mucho. Un tipo como Baldacci dedicado a la abogacía a altos niveles encontraría argumentos desde los que construir esas tramas que destilan realismo entre el artificio de la ficción y que, de una forma u otra, sorprenden e inquietan…

Prodigándose en dispares sagas, Baldacci se sirve de personajes fetiche para ofrecer interesantes tramas que jamás dejan indiferente, encumbrándolo entre los más grandes bestsellers de su género en la actualidad.

3 mejores libros de David Baldacci:

  1. La última milla: Baldacci es capaz de abordar diferentes tramas con enlaces finales a esas cloacas donde el poder se desenvuelve con su particular modus operandi… En cualquier país en el que existe la pena de muerte surgen los consabidos dilemas morales acerca del encaje ético de este tipo de justicia finalista. Pero si a la polémica se le añade la idea de que pueda pagar un justo con su vida lo que no ha hecho, el planteamiento alcanza derivas morales de una enorme dimensión. Melvin Mars ha sido sentenciado a muerte por el pretérito asesinato de sus padres hace ya dos décadas. Pero cuando apenas le quedan horas para recorrer la famosa última milla hacia la muerte, otro sospechoso acaba declarando ser autor del doble crimen. Amos Decker, detective ya mítico de David Baldacci, pudo haber pasado por alto el caso, pero se enteró de su particularidad e indago un poco más. Amos se vió identificado con Melvin en cuanto a sus antecedentes vitales y sus circunstancias finales. Cuando un compañero del equipo del FBI desaparece, su foco de atención sobre Melvín se desvía, pero durante la búsqueda del compañero un hilo va uniendo ambos casos. Lo que pueda llegar a desentreañar Amos Decker escapa a toda previsión de sus superiores, movidos por oscuras  intenciones ante las que a Amos solo le quedará enfrentarse, con imprevisibles consecuencias para él. Una trama exquisitamente hilvanada, conducida por personajes de fácil empatía y que termina atrapando al lector en su ritmo vivo y sus interesantes giros. La temática además complementa el conjunto con su aspecto ético y legal.
  2. Toda la verdad: Quizás sea esta la novela que mejor engarza con ese suspense internacional que originó el género allá por la Guerra Fría. En ocasiones parece que Internet se convierte en una herramienta incontrolable por los distintos paises… y lo que es peor, entre la apariencia liberadora y democrática, la manipulación interesada asoma como un gran desafío capaz de modificar voluntades segmentando información o directamente engañando. De eso va esta novela. Porque la víctima Konstantin se convierte en un fenómeno viral. Su acusación de terturas hacia el estado ruso conmueve a la opinión pública. Conforme leemos descubrimos las más aviesas intenciones de un empresario armamentístico. Detenerlo será cuestión letal para el mundo.
  3. Los inocentes: Convencer a un sicario de que su trabajo es por el bien común, por un bien mayor a la propia vida de la víctima puede conseguirse. Cuando las evidencias muestran la perniciosa actuación de un ciudadano americano y la imposibilidad material de detenerlo oficialmente es evidente, tipos como Will Robie entran en acción. La justicia sumaria del francotirador debe encontrar un sustento, porque para ser un sicario a sueldo del gobierno se debe ser una persona con principios dentro de la concepción finalista y maquiavélica de los asuntos internos de un país. Solo que cuando Will descubre que no puede hacerse cargo del último caso porque las piezas no encajan para nada. La frenética huída de Will lo dispondrá siempre al filo de la navaja. Su salvación se complica cada vez más y sus nuevas averiguaciones lo enfrentan a la completa contradicción de que ha servido al crimen institucionalizado…

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