3 mejores libros de Gastón Leroux

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1868 – 1927

Lo de Gastón Leroux con la literatura parece un encuentro tangencial, casi una dedicación colateral. Su principal motivación vital se dirigía al periodismo, a la crónica social, a la denuncia y a la búsqueda de causas perdidas por medio de un oficio de reportero que lo movió por muy distintos paises.

Para todo lo demás, quizás por afrontar los propios temores de sus intrépidos viajes, reportajes y denuncias, Gastón Leroux escribía novelas y cuentos de misterio o de terror. Y vista esa proyección en la narrativa de ficción más inquietante, que acabó fructificando en más de 40 libros, significaría que realmente la literatura acabó siendo su válvula de escape.

Autor de la archiconocida novela gótica El fantasma de la ópera, Leroux extendió por toda su obra un imaginario de escenarios detallistas, claro está que teatrales, histriónicos en su reflejo del lado oscuro del alma humana y del miedo como un elemento naciente de las fobias subjetivas más que del propio mundo real.

Dentro de esa intención subjetiva, recargada de imágenes y símbolos, Leroux nos introduce en esas zonas del terror gótico para despistarnos entre trampantojos y trucos sorprendiéndonos finalmente con la desconcertante verdad, en la que habitualmente descubrimos que los únicos monstruos crecen desde dentro de nuestras impresiones.

Novelas de terror pero también algunas obras policíacas con las que daba rienda suelta a un gusto por este género que en sus inicios siempre presentaba una investigación entre truculentos aconteceres…

3 mejores libros de Gastón Leroux:

  1. El fantasma de la ópera: Por su repercusión ya merecería la pena citar esta novela como la más grande obra del autor. Pero también tiene mucho que ver el absoluto ajuste del símbolo de lo teatral como un espacio imaginario y a la vez cercano, tangible. En esas mágicas interpretaciones musicales que son las óperas nos acercamos a lo trágico y lo cómico desde todos los sentidos. La absoluta belleza y la paradójica pressencia espectral del fantasma generador del miedo. Christine, la nueva diva que cautiva a todos los espectadores se acerca al oscuro mundo del fantasma, en las catacumbas de la Ópera de Paris. Y allí Christine descubre que tras el rostro desfigurado del fantasma se encuentra el genio capaz de crear una música sublime. Se puede amar esa música cautivadora, pero Christine ama a su prometido Raoul. En esa dicotomía del amor a uno y otro lado de la música, salpicando el asunto con matices de pasión y devoción se va moviendo esta historia que acaba como el drama que siempre apuntó ser.
  2. El misterio del cuarto amarillo: La incursión de Leroux en el género policíaco tiene en esta novela su punto máximo de apogeo. Mathilde Stangerson, la hija soltera de un afamado doctor se retira a dormir a su cuarto en el sobro castillo, la infausta noche en la que todo sucede. Su puerta queda cerrada con llave, lo cual evita el más rápido auxilio ante los gritos y disparos que se escuchan en mitad de la noche. Cuando el doctor y su asistente consiguen entrar la joven está en el suelo moribunda, claramente atacada por alguien que ya no está en la habitación. El problema es que la puerta, como decimos, estaba cerrada con llave y la ventana mantenía intacto su enrejado. Una suma de extrañas pistas desconciertan completamente a propios y extraños. La joven se va recuperando pero su testimonio se mueve en una ambigüedad que no termina por aportar nada, en todo caso mayor confusión. Varios investigadores se enfrentan al dilema desde diferentes frentes metodológicos pero solo Rouletabille, un joven periodista va atando los cabos del asunto, una intrincada justificación que hasta el día del juicio no podrá desvelar por completo, si es que lo consigue…
  3. El perfume de la dama de negro: La segunda parte de El misterio del cuarto amarillo debió suponer todo un desafío para el autor, pues la primera parte ya presentaba suficientes ramificaciones que podrían presentar inconvenientes a la hora de enlazar una secuela. Pero el bueno de Leroux dispondría de la panciencia suficiente y del esquema preciso para avanzar en esta continuación centrada absolutamente en el joven y sagaz Rouletabille. Para poder acometer esta lectura, la regresión a la primera obra se hace imprescindible, cosa que a día de hoy no presenta mayor problema, pues las ediciones suelen hacerse conjuntas. El interlocutor necesario entre lector y Rouletabille es Sainclair, quien va dando buena cuenta de todo lo acontecido con esta dama de negro y de los detalles a los que deberemos prestar completa atención para terminar por desvelar el gran misterio de esta dama, y del asesino que ronda a los personajes…