3 mejores libros de Jean-Marie Le Clézio

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La lengua francesa ha venido ejerciendo desde el siglo XIX una atracción especial en diversos autores que exploraron en su musicalidad un añadido lírico que contagia cualquier prosa o que termina de ensalzar toda obra poética. Quizás el asunto radique en Dumas o en Víctor Hugo, con esa capacidad para abordar romanticismo en novelas tan extensas como finalmente intensas. La cuestión es que cuando autores como Milan Kundera también se pasan al francés, es porque el efecto formal está ahí, latente.

Todo esto en relación con otro de los grandes narradores franceses del siglo XX, un Jean Marie Le Clézio que se sirvió de su sugerente lengua materna para explorar e indagar en el lenguaje y sus vericuetos formales para buscar intensidad, símbolos, hondas metáforas, herramientas con las que presentar historias inolvidables.

En esa misión, casi perturbadora para un creador, de reconducir la inspiración hacia la la prospección del lenguaje al servicio de emociones e ideales, Clézio fue capaz de publicar más de veinte libros desde que se lanzara a la escritura a sus veintipocos.

Lo llegado a España es sin duda lo mejor de su producción narrativa. Y nunca está de más cultivarse con un escritor que hace de lo pretencioso la más hermosa forma de recreación intelectual. Lecturas sofisticadas que rebajan su intensidad conforme nos acercamos a sus últimas novelas.

3 mejores libros de Jean Marie Gustave Le Clézio:

  1. El diluvio: Nunca mejor título para una novela que empieza chispeando y acaba inundando el alma con esa literatura trascendente. El personaje de François Besson supera con creces las notas de irrealidad de Gregorio Samsa, se acerca en ocasiones a un Jean-Baptiste Grenouille embriagado por el perfume de un instante que transforma el mundo para siempre. Una novela con esos destellos líricos que seguro desbordan la imaginación narrados en su francés original pero que también en castellano transforman la prosa en un manjar para el intelecto. Desde el instante en el que François vive una peculiar escena con una joven que extasía sus sentidos y que lo conduce por un laberinto durante varios días más, hacia el más completo vacío o el más exuberante espacio de la liberación. Una angustiosa deriva vital de un personaje cuya voluntad parece haber escapado de su cuerpo.
  2. La música del hambre: Con la naturaleza de un Le Clézio compuesta de emigración, sueños y familias rotas por la guerra, esta novela se entiende como un relato en parte autobiográfico o al menos inspirado en su propia familia. La isla Mauricio supone un espacio de evocaciones y raices, de emigración y destinos para el autor y ahí es donde inicia esta novela que se asoma a la idea de la fragilidad de lo próspero en el ser humano, de la fácil derrota sobrevenida por la tentación de la perdición o por la amenaza de un mundo próximo a la hecatombe. La pequeña Ethel Brun jamás imaginaría lo que sería pasar hambre. Cobijada en un padre potentado pero dilapidador pero realmente atendida por su abuelo, Ethel se va abriendo al mundo del París de preguerra. El instinto de la niña la conduce hacia la idea de que lo bueno, o al menos lo cómodo, está próximo a su final. Y quizás solo ella esté preparada para el despertar a la miseria.
  3. Mondo y otras historias: Siempre es interesante descubrir al gran narrador en el ámbito de lo breve, en esa suerte de síntesis de lo creativo. Si bien es cierto que el siempre acertado detallismo de un escritor como Le Clézio sirve a la causa de lo breve perfectamente. Además, en un sorprendente libro que adquiere un disruptivo punto nostálgico en torno a la infancia, la brevedad compone una lágrima final o una sonrisa, siempre una crítica al legado de los adultos y, por supuesto, una invitación a reflexionar sobre el abominable mundo al que invitamos con formalismos y costumbres a unos seres puros como son los niños, como fuimos los niños. La imaginacion de los pequeños va desgranándose en ocho relatos de contrastes entre los ojos del niño, su verdad, y la mirada adulta en tantas ocasiones censoras y cruel, ya sabedora de que lo importante es el artificio construido sobre la belleza del mundo.

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