3 mejores libros de John Updike

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1932 – 2009

A mi entender, el realismo como tendencia narrativa actual adquiere una considerable dificultad. Profundizar sobre lo tangible y lo mundano para entresacar brillantes aspectos narrativos solo está a la altura de esos creadores que observan el mundo con una perspectiva entre crítica y desmenuzadora Y sin embargo acaba siendo una especie de género multifocal según el autor (el realismo sucio de bukowski, el realismo social de Delibes, el realismo costumbrista de Pérez Galdós, el realismo existencialista de Milan Kundera…) sumamente necesario para que la literatura también sea una herramienta de estudio y análisis más cercano al detalle que jamás alcanzan las más grandes teorías humanas o sociales.

John Updike fue uno de esos escritores realistas que se embarcó en la singular misión del realismo como sustento, colmándolo de humor, de extrañamiento, de nostalgia, de crítica social o de cualquier otro matiz que pudiera servir a su causa del desnudado del ser humano en cuanto a sus motivaciones, decisiones e interacciones.

En su manifiesta misión de narrar desde lo cotidiano, para acabar componiendo brillantes tramas en las que personajes como Harry Angstrom, también conocido como conejo y recuperado ciclicamente durante su bibliografía, toman los mandos de ese realismo a través de cuyo foco divisamos en su caso la realidad más cruda de los Estados Unidos.

Pero más allá de la singular saga, Updike fue un autor prolífico con más de veinte novelas a sus espaldas. Así que con la debida referencia al inicio de su gran obra sobre Harry Conejo Angstrom, hablaremos también de otras de sus novelas…

3 mejores libros de John Updike:

  1. Corre, conejo: Con el inicio de la saga Conejo, el autor se embarcó en una gratificante historia en torno a Harry Angstrom que lo acompañaría durante décadas, llegando a publicar nuevas entregas a cada década, como si el personaje se alimentara de los propios cambios vitales del autor. Sin duda alguna un compromiso narrativo hacia el descifrado de una realidad reajustada subjetivamente al paso de los años y que presenta a un Harry Angstrom a los mandos de sus decisiones y sus circunstancias que a su vez sirven a la causa del visionado crítico del ser humano inmerso en convenciones y normas. La saga le reportaría al autor dos premios pulitzer para la segunda y tercera entrega. Pero con la perspectiva de la obra en su consideración general, me parece más relevante destacar el inicio de la saga, el punto de partida, el crítico momento en que se nos narra como Harry decide abandonarlo todo, mujer e hijos incluídos, para entregarse a la búsqueda de ese hito indescifrable, psicopático para unos, irresponsable para otros, de una libertad cercana al libertinaje. Cuando el conejo se ve directamente apuntado por la escopeta de la realidad, acaba dando un quiebro con el que consigue escapar de todo. Así es como descubrimos el mundo bajo el nuevo imaginario de Harry. Y así es como paseamos junto a un personaje por momentos esperpéntico, por momentos lúcido. Un personaje que entre el humor ácido, la irreverencia y la búsqueda de “algo”, consigue transformar los detalles de la rutina en nuevas interpretaciones sorprendentes. 
  2. El centauro: Mucha de nuestra sabiduría actual y prácticamente todos los avatares humanos y sociales de nuestra sociedad occidental encuentran un reflejo en la antigüedad con especial consideración a esas alegorías que suponen las mitologías griegas y romanas, con sus dioses, sus semidioses, sus héroes y toda esa serie de pulsiones y pasiones que mueven las tramas de estas obras imperecederas. Así que John Updike quiso acomodar una de estas viejas leyendas griegas al escenario actual. Un padre puede ser ese Quirón dotado de experiencia, ciencia y conocimiento. Y sin duda nada más querría un Quirón moderno que disponer a un hijo convertido en Prometeo como un ser a quien trasladar toda su sabiduría para hacer de él un hombre incluso mejor, un héroe de nuestros días. La muerte que acechó a Quirón nada más recibir la flecha de Heracles es algo así como el dolor de la distancia entre un padre y su hijo adolescente que ya no ve doctrina alguna en su padre. Esa especie de releve mitológico entre el Quirón yaciente y el Prometeo a punto de recibir la inmortalidad como regalo de Quirón adquiere un regusto especial con esos tintes de bajada a la realidad, a nuestro tiempo…
  3. Las brujas de Eastwick: Esta novela de John Updick es la rareza, la estravagancia, la salida de tono desconcrertante y la demostración de que como autor podía abordar nuevos géneros más allá de su realismo tradicional. Muchos aún recordamos la película ochentera que simplemente abordaba lo estético muy por encima de otros fundamentos narrativos. Pero vamos, que tampoco estaba mal la peli. Porque si bien es cierto que el conocimiento de las dotes esotéricas de las tres mujeres divorciadas fundamentan la trama, también disfrutamos en la novela de detalles que suponen una burla a convenciones sociales o que ahondan en las sensaciones del fracaso de esa figura trascendental que es el matriomonio. La arbitral puesta en práctica de sus poderes por parte de estas mujeres y la llegada de Darryl Van Horne acaba componiendo una catarsis de magia, humor, crítica y sexualidad.

 

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