3 mejores libros de Kenzaburo Oé

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Dos son los japoneses laureados con sendos premios nobel de literatura. El primero fue Kawabata y el segundo, a quien traigo ahora a este blog: Kenzaburo Oé. A la espera queda un Murakami que si bien conquista con mayor intensidad el mercado literari0 occidental, se encuentra siempre a las puertas del galardón, sobrevolando las apuestas a cada nuevo año.

El escritor japonés de apellido más fácilmente recordable, Oé, fue un viajero convencido, una persona lo suficientemente inquieta intelectualmente, como para entender que el bagaje humanista y cultural más relevante se obtiene del contraste entre lo propio y lo pertenciente a otras culturas. Una postura casi necesaria para todo creador. El etnocentrismo no lleva a nada bueno, aunque para ello no vale con viajar sino con la intención de empaparse de todo aquello que es ajeno a lo conocido.

El resultado es que, adentrándonos en la obra de Oé desciframos claves de ese aprendizaje en el contraste, del evidente choque que supone la mezcolanza de culturas, imperativa y necesaria en un mundo ya accesibles para todos. Y quizás en ese conflicto latente se detecte en mayor medida la sensación de soledad del individuo que también impregna la narrativa de Oé.

Despojados de todo sentimiento de pertenencia, enfrentados a más opciones culturales desde la cerrazón inicial, el yo se puede ir descomponiendo en esa escalada de alienación multiplicada por el propio desencaje en las imposiciones culturales propias, mostradas al descubierto gracias al mestizaje de ideas.

Pero lo cierto es que para Oé, con más razón que un santo, esa sensación de soledad es necesaria para salir de la crísalida uniformante de la etnia propia. Y así, construye sus ensayos y novelas, en torno a pensamientos o personajes que abordan lo existencial desde el humano hasta la humanidad sumida en su crisol de culturas…

3 mejores libros de Kenzaburo Oé:

  1. Arrancad las semillas, fusilad a los niños: Bajo este título de imperativa barbarie encontramos una novela conmovedora centrada en el ser humano traspasando esa frontera entre la infancia y la madurez. El narrador de la novela es un joven que dirigue a un grupo de adolescentes y niños de la guerra. Un grupo de chavales liberados del reformatorio por imperativo de las circunstancias bélicas y concentrados en un pueblo que acaba siendo abandonado por sus habitantes por una epidemia. La suma de fatalidades dispone a los chavales frente a un destino a escribir sin los renglones marcados de los adultos. Por momentos parece que las vidas de los chicos encuentran un cauce ordenado, liberado de prejuicios y esquemas corrompidos por la sociedad de la que provienen. Pero en ese avanzar entre épico, romántico y lírico de los jóvenes frente a un nuevo mundo, cualquier desvío acaba convirtiéndose en una aciaga decisión que derivará en nuevo conflictos de vieja raigambre civilizada.
  2. Una cuestión personal: Si no fuera por ese aspecto mítico de la novela anterior, en la que unos jóvenes tratan de levantar la famosa utopía del hombre civilizado, sin duda habría elegido esta otra novela como la mejor de la producción de Oé. En esa presentación del contraste entre culturas que antes indiqué como un aspecto patente en el autor conocemos a un profesor Bird agobiado en el mundo de un Japón más conducido por costumbres y actitudes, al que se desplazó en busca de un yo interior que parece escurrírsele bajo cualquier escenario. El asunto empeora cuando Himiko trae al mundo a un niño deficiente que solo asegura una atadura a la fatalidad y el sacrificio que nos conducirá a los particulares infiernos de un tipo convencido de la gloria y la trascendencia para su alma y enfrentado a las sombras de un destino que parece empeñado en golpearlo y humillarlo. Las decisiones asoman como nubes negras en una trama que nos conduce con su fuerza centrípeta hacia el desasosiego, la locura y un punto megalómano de este personaje prototípico del hombre feliz vendido por la sociedad actual.
  3. La presa: Liberada de la mayor carga de sus hermanas mayores, esta opera prima de Oé de menor tamaño y densidad, aporta sin embargo un regusto a aventura amarga, por momentos siniestra, sobre un piloto de avión de guerra caído en el Pacífico y rescatado por un pueblo nipón que lo observa con extrañeza por su piel negra y que lo acaba transformando en un animal de zoo al que incluso los niños maltratan. En la hipérbole encontramos esa intención concienciadora del racismo por desconocimiento, de la xenofobia hecha más fobia por repudiar lo diferente y malentender lo llegado de fuera que por propio razonamiento natural. Una novela que ya brindaba ese aspecto lírico entre lo ominoso o entre lo extraño que siempre acompañó al autor.

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