3 mejores libros de Kurt Vonnegut

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1922 – 2007

Si Aldous Huxley o George Orwell le hubieran entregado el testigo a algún autor para que continuara con su quehacer literario, ese sería Kurt Vonnegut.

Porque en los tres autores se detecta una intención concienciadora o quizás tan solo una voluntad agorera, a la luz del devenir de la civilización humana.

Y para ello estos ingeniosos escritores se sirvieron de la ciencia ficción y de las distopías sociales y políticas en las que el mundo acaba entregado a aviesos intereses para la supervivencia de las élites o para la consecución de los objetivos últimos de toda dictadura económica y hasta moral.

El caso de Kurt, como último representante de este singular trío, replantea en muchos de sus libros todos esos amenazantes dilemas circunscritos a su época, a caballo entre los siglos XX y XXI.

Como buen narrador fatalista, su pesimismo se suele adornar con un humor ácido, negro, una sarcástica risa del que se sabe condenado o de aquel que ya cree conocer el destino último, que no es otro que un siniestro boceto como única representación de una civilización que solo es un instante en la expansión del cosmos.

Y sin embargo, leer a Kurt Vonnegut es un sano ejercicio crítico para combatir neolenguaje y falsos conceptos de felicidad basada en el individualismo y el acopio de bienes materiales en esencia perecederos, todo a cambio del alma, de la conciencia y de la voluntad…

3 mejores libros de Kurt Vonnegut:

  1. Matadero Cinco: Nada más alienante que la guerra. Y a su vez nada más fructificante en lo creativo que la experiencia vivida allí donde el hombre deja muestra de sus mayores niveles de violencia y odio, una vez que ha sido conducido a pensar por los ideales que los supuestos enemigos deben morir. Las vivencias de Vonnegut durante la Segunda Guerra Mundial, en la que estuvo a punto de morir bajo las bombas de los propios aliados para los que luchaba, se desparraman en esta novela que no acaba de profundizar en la tragedia real sino que aprovecha la alienación, esa especie de despersonalización que puede sentir todo soldado que presiente que atraviesa sus últimos segundos en este planeta. Y dicho y hecho… desde el conflicto bélico un superviviente es abducido hasta un planeta lejano: Trafalmadore. Lo esperpéntico del asunto sirve al autor para desplegar su maravilloso arte para extraer la bilis de la comedia entre lo más trágico, como un circo macabro, como el monólogo humorístico de la psicosis. Y es ahí, desde ese otro mundo donde realmente todos podemos compartir esa perspectiva cómica a fin de burlarlos de nosotros mismos como placebo para combatir nuestro lado más oscuro.
  2. Madre noche: A mi parecer, donde más se disfruta de ese punto absolutamente original y transformador de lo literario es en las historias salpicadas por las propias vivencias de Vonnegut durante la Segunda Guerra Mundial. En esta ocasión el autor consigue transmitir un complejo ideario sobre las contradicciones más severas, aquellas que son capaces de convertir nuestras frustraciones en violencia hacia el prójimo. Howard Campbell odiaba su país. Por eso se entregó a los brazos del nazismo para actuar com espía de Estados Unidos. El dilema del perdedor lo es en mucho mayor grado cuando se descubre que la causa siempre nació de esa propia frustación escondida. Pasada la guerra Howard es una piltrafa de sí mismo, un ser amargado, todavía capaz de concentrar su odio para hacerlo explotar cuando menos lo esperemos. De su lado están todos aquellos tipos arrastrados por la fuerza centrípeta del mal, como digo siempre originada en el odio sentido por uno mismo y proyectado a cualquier nuevo enemigo que se quiera encontrar.
  3. Payasadas: Feroz crítica de Vonnegut a la nada, ese vacío capaz de invadir el alma hasta convertirse en una implosión anuladora. La ancestral idea de pertenencia, naturalizada para la creación de la sociedad, deriva en una futilidad absoluta. Vonnegut parodia esta idea desde la transformación de Estados Unidos en una población completamente agrupada en conjuntos pseudofamiliares. No importa a qué se pueda dedicar uno u otro, la cuestión es ejecutar el plan del presidente americano que ha tenido una gran idea con la que solucionar viejos conflictos. Con el habitual y magistral uso del surrealismo como una mezcla de ucronía y utopía, Vonnegut nos invita a meditar sobre la identidad, sobre el sentimiento de pertenencia, sobre la necesidad de ese sentimiento y sobre cómo se puede fácilmente manipular, precisamente, ese sentimiento. 

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