3 mejores libros de Luis Sepúlveda

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Hay escritores que empiezan a ejercer como tales desde muy temprana edad. El caso de Luis Sepúlveda fue el del chico en cuyas circunstancias la escritura servía como necesario cauce de expresión. Nacido de una aventura de amor repudiada por sus abuelos maternos, en cuanto este autor tuvo uso de razón, supo que lo suyo era la reivindicación social, la protesta por cualquier tipo de abuso político o de los poderes fácticos.

Bajo estas pinceladas básicas de la personalidad de Sepúlveda, es fácil entender que la juventud de Sepúlveda, marcada por el megaterremoto chileno de 1960 y por el terremoto político de Pinochet desde 1973 siempre encontró espacios para la reivindicación y para la creación literaria más comprometida con las circunstancias de su país.

Su reconocimiento mundial como escritor no llegaría hasta los cuarenta años, una vez que su imaginario narrador trabajado desde la primera juventud, se colmó además de vivencias de todo tipo que elevaron su narrativa a los altares de esa literatura que condensa el arte del bien escribir y el relato de tantas experiencias en unos y otros lugares del mundo, en la cárcel con pinochet o en el exilio americano primero y europeo después.

Así, leer a Sepulveda tiene el doble valor de un oficio ganado con absoluta solvencia desde los primeros relatos de juventud y de una intención concienciadora, movilizadora. Novelas que narran muy distintas formas de vida, que plantean viejos dilemas existenciales y que no se olvidan de los intensos deseos y pulsiones que acaban moviendo al ser humano.

3 mejores libros de Luis Sepúlveda:

  1. La sombra de lo que fuimos: La derrota marca. Se trata de un fatalismo por el que Dios o quién demonios sea se encarga de que los perdedores parezcan estigmatizados como una estirpe sin visos de solución. La sensacion que ofrecen Carlos, Lolo y Lucho es la de estar marcados por ese destino irreconciliable en el que toda esperanza acaba fraguándose en la nostalgia de lo que no se pudo hacer. Pero el humano no conoce la resignación, no debe conocerla si pretende mantener su condición de humano. Los tre amigos antes citados se encuentran reunidos para asaltar la gloria que siempre se les negó como idealistas capaces de haber transformado la cruel realidad. Pero la crueldad puede llegar usar el esperpento y el ridículo para echar por tierra cualquier plan. El esperado lider de los tres amigos, Pedro Nolasco, no puede acudir a la cita al sufrir un ridículo accidente mortal. Y sin embargo no es momento para la rendición. Carlos, Lolo y Lucho, descabezados de su camarada lider. Si la revolución no funcionó en su momento, cuando ellos eran jóvenes y organizados en un Chile infestado por la dictadura, quizás sea el momento ahora, muchos años después, de improvisar un plan hacia un símbolo de la revolución que por fin les devuelva un pedazo de gloria con la que reconciliarse con su existencia de eternos perdedores…
  2. Un viejo que leía novelas de amor: Muchos de los títulos de Luis Sepúlveda despierta esa sensación de inevitable decadencia con un ligero tinte de esperanza. La simple idea del viejo leyendo historias de amor nos despierta la idea de lo imposible, del plazo vencido para amar, de los recuerdos…Esta novela con la que Luis Sepúlveda dio un gran salto literario nos habla de Antonio José Bolivar, personaje centrado en uno de los viajes del autor al pueblo indígena de los Shuar entre las fronteras de Ecuador y Perú, allí donde el Amazonas empieza a trazar un cauce brioso y generador de vida selvática. Allí radica el pueblo de El Idilio, un nombre bucólico que aparta al humano de la civilización y lo somete a la esencia de la vida más exuberante. Antonio José acaba leyendo novelas de amor que un médico de la zona le presenta. Pero mientras lee, Antonio no pierde la vista de los forasteros que creen poder integrarse en la naturaleza como nuevos dioses dominantes, sin entender que nada de lo que los rodea se acaba sometiendo a las armas ni a la vanagloria del humano.
  3. Diario de un killer sentimental y Yacaré: Estas dos novelas cortas son dos rarezas en la extensa bibliografía del autor. Se trata de dos tramas policíacas, escritas como si Luis Sepúlveda se hubiera dedicado todo el día a escribir novelas negras. Su salida original se produjo por entrega en algunos periódicos allá por los años 90. Su reunión en este libro era tarea obligada para tantos y tantos lectores del genio chileno. La primera novela se centra en un sicario sometido a las tormentas del amor más pujante, capaz de hacerle perder el norte. La segunda, menos negra en el sentido más puro, nos invita a disfrutar de una trama con vocación ecologista casi por encima de la temática estrictamente policíaca. En cualquier caso ambas novelas se leen de manera ágil y con ese ritmo inquietante que salpica toda construcción con vocación noir. Muy interesantes para descubrir otra faceta del escritor y con las que el género negro en general ganó un aporte especial de uno de los grandes de nuestros días.

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