3 mejores libros de Mary Shelley

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1797 – 1851

Probablemente fuera cosa de que su padre William Godwin, como político vanguardista, educó a Mary Shelley muy liberada de los encorsetados sociales, politicos y morales que limitaban a la mujer de la época.

La cuestión es que con el tiempo se descubre a una autora que mucho más allá de su obra “Frankstein o el moderno Prometeo” se dedicó a la literatura empapada ya de un feminismo asumido por ella en entero como la igualdad entre sexos. Quedaba mucho por recorrer hasta el derecho de sufragio y la traslación efectiva en multitud de aspectos sociales. Pero esa naturalidad con la que Mary Shelley participó de un ámbito cultural mayoritariamente asociado a lo masculino como podía ser la literatura, sirvió a la causa como uno de esos necesarios pasos, quizás no tan pretendidamente feministas pero sí auténticamente esclarecedor sobre la igualdad de capacidades.

Cuando leemos cualquier relato de Poe, por citar a alguien coetáneo y de cierta semejanza temática en determinados momentos, o nos adentramos en la novela Frankstein descubrimos esa igualdad naturalizada. No importa leer a uno u otro, y eso se debe a la idea autosuficiente de una autora convencida de cuna de la valía de la persona si etiquetas de sexo.

Pero además de esa función integradora de la escritora y su obra, y más allá de su obra maestra Frankstein, probablemente una brumosa traslación de su trágica relación con la vida y la muerte (ciñéndonos a su biografía, nada menos que la muerte de su madre murió al nacer ella, el fallecimiento de dos de sus tres hijos y la posterior defunción de su marido ahogado en el mar), también encontramos a la autora cultivada en grandes referentes como Walter Scott o su propio padre William Godwin. Solo que Mary Shelley, condicionada por sus fatales circunstancias, se entregó a un gótico donde disfrazar su pesar y a un fatalismo sobre el que volcar su desesperanza.

3 mejores libros de Mary Shelley:

  1. Frankstein o el moderno Prometeo: Prometeo se encargó de robar el fuego para los hombres. El símbolo de este mito acabó trascendiendo en la cultura occidental como el control sobre la luz y la vida. De ahí que el plateamiento de una novela sobre la ciencia capaz de generar vida humana gracias a un chispazo de ese fuego de los dioses se cerrara con esa coletilla original, hoy ya aparcada en muchas ocasiones. Lo mejor de esta novela es su doble lectura. Porque más allá del mero hecho fantasioso que ha dado para muchas réplicas de terror en literatura y cine, trasciende también la idea de la vida, de su fragilidad, de la posibilidad de que la ciencia llegue alguna vez a emular a ese Dios generador de vida, o esa chispa eléctrica desde la que nace el primer latido de un corazón. La idea sonaba monstruosa en su momento puesto que la concepción era recuperar a alguien ya muerto. Y sin embargo la autora es capaz de despertar esa humanidad frente a lo minoritario y excéntrico. Frankstein es un ser abominable y a la vez un alma errante, sin mucho sentido, como en ocasiones puede considerar que es cualquier humano enfrentado a su existencia…Varias ediciones disponbles aquí:
  2. Transformación y otros cuentos: Una transición suave hacia el resto de la obra de Mary Shelley. Tres relatos que profundizan en ese toque gótico en lo formal, inquietante y desconcertante en el fondo. El primer relato, Transformación toma del imaginario popular referencias a contactos entre humanos y seres sobrenaturales y acaba narrando una terrorífica interacción de lo humano con sus demonios ancestrales. El segundo relato es El mortal inmortal, donde el aspecto fantástico de la vida y la muerte cobra otro aspecto. Un tipo con varios siglos a sus espaldas habla sobre la eternidad, sobre su paso por el mundo con su naturaleza extraordinaria y sin embargo también entroncando con las pasiones más humanas, aquellas que únicamente pueden dar sentido a una vida de 10 o de 1.000 años. Cierra este volumen El mal de ojo, un auténtico adentramiento en las viejas creencias y supercherías, en esa magia negra que solo el ser humano podría usar para la venganza y la destrucción.
  3. El último hombre: La siguiente gran novela de Mary Shelley no fue atendida nunca en su plena valía. Quizás fuera porque se permitiera culturalmente que una mujer escribiera sobre supuestos argumentos fantásticos como el de Frankestein (aunque al final la autora colara una obra con esa dualidad entre ficción y existencialismo), pero no se permitiera otras propuestas narrativas en las que la mujer pretendiera directamente equipararse a la capacidad intelectual, moral y cultural del hombre para plantear una trama sobre una deriva mundial… Sea como fuere, acercarse hoy a esta novela con tintes apocalípticos es disfrutar de la Mary Shelley sin tanto artificio de lo gótico. Los personajes de Adrian y Raymond representan a hombres liberados que deciden afrontar destinos diferentes a los marcados. Solo que las circunstancias van quedando marcadas por una epidemia que amenaza con ser una pandemia aniquiladora de todo lo humano. Solo entonces es cuando la parte más gótica regresa al argumento para aportar ese punto de terror que supone pensar en un final de todo.

 

 

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