3 mejores libros de Ursula K. Le Guin

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1929 – 2018

Hace poco que nos dejó la escritora Ursula K. Le Guin, el referente de la escritura fantástica en femenino y una de las más grandes de este género sin diferenciación de sexos.

Muchos lectores se acercan a esta autora por su conocida saga de Historias de Terramar, de cuyo conjunto podemos encontrar un interesante recopilatorio de lujo:

Pero hay muchísimos más en el universo Le Guin, como espero hacerte ver…

Porque si hace poco hablábamos de Elia Barceló, quien lleva a gala la vitola de gran escritora del género fantástico en español, hoy toca visitar la obra de uno de los que seguramente sería sus referentes, la más grande autora de lo fantástico.

Lo de Ursula y el género fantástico fue un idilio literario. Galardonada con los más prestigiosos premios de todo el mundo en repetidas ocasiones, la genial escritora californiana se mantuvo fiel a este género de culto durante sus más de 30 publicaciones. Una fidelidad que se entiende perfectamente al descubrir una voluntad concienciadora en todas y cada una de sus obras, desde la más extensa hasta la más breve. Porque la fantasía y su foco lejano puede servir para tratar de enseñarnos nuestras debilidades y defectos, ese lado oscuro enfrentado a la fantasía y la imaginación.

La fantasía encontró en Ursula uno de sus pilares fundamentales para seguir creciendo en la segunda mitad del siglo XX, planteando historias distópicas, grandes sagas, relatos y cuentos sobre universos inacabables en los que la imaginación encuentra la infinitud necesaria para su expansión más fructífera.

Así que, ante lo que es un auténtico monstruo de la literatura fantástica, voy a animarme a rescatar sus tres mejores libros desde mi completa subjetividad.

3 mejores novelas de Ursula K. Le Guin:

  1. La mano izquierda de la oscuridad: Cuando se ofrece una narración de fantasía que a su vez es capaz de despertar debate y discusión sobre la moral o el sexo es sin duda porque nos encontramos ante un libro controvertido, perturbador para algunos, o en última instancia capaz de la analítica de lo esencialmente humano desde lo alegórico. Si además la novela es estructuralmente una trama encomiable, entretenida, dinámica y preciosista en sus detalles, sentenciamos lo que viene determinándose como obra maestra de un autor, para mí a la altura de El cuento de la criada, de Margaret Atwood, por lo menos en cuanto a la trascendencia temática. La cuestión es que en una colonia espacial viven unos especímenes humanoides cuya mayor diferencia con nuestra especie estriba en su naturaleza andrógina. Y hasta ese lugar conocido como planeta Invierno llega un terrícola que ciertamente quedará sorprendido por la evolución de esta especie y por su adaptación a su naturaleza de cara a la supervivencia…
  2. El nombre del mundo es bosque: Cuando uno es un gran aficionado a la narrativa distópica, a esas novelas que elucubran sobre el futuro que nos espera, descubrir una nueva novela sobre el tema siempre es memorable. En esta ocasión la concepcion de distopía se asocia inexorablemente a la condición humana. Es el ser humano y su ambición, su asunción del presente como única verdad y su subjetividad incapaz de asumir equilibrios externos necesarios, los únicos culpables de que un mundo pueda conducirse a su exterminio. Por si tuviéramos poco con la Tierra, los humanos llegamos hasta el planeta Athshe. Si por lo menos pudiéramos extraer una enseñanda de lo que ahí acontece y del ajuste entre existencia subjetiva y objetiva, tendríamos mucho ganado. Pero la tarea es harto dificil… y Athshe, bajo el influjo del hombre tendrá que asumir su nuevo destino de perdición o encargar a sus nativos la defensa de ese mundo…
  3. Los desposeídos: El planeta Urras es un auténtico reflejo de nuestro mundo, una siniestra alegoría reubicada en medio de un cosmos alternativo y lejano desde el cual podemos divisar con la perspectiva necesaria algunos de nuestros más grandes defectos. Shevek nos sirve como avanzadilla para movernos por esa traslación de nuestro mundo. Así conocemos el sistema básico del orden establecido en ese lugar, el propietariado. La evolución de ese planeta que ciertamente los ha conducido al autoconfinamiento respecto al resto del universo conocido, los ha dispuesto en la confusión más completa. El propietariado antepone lo indiviual y sirve para anteponer la fuerza, para aparcar a aquellos que no consideran el statu quo como el más acertado. La ideología del planeta Urras sirve a la causa de la defensa del sistema en vigor. Y ahí es donde las similitudes con nuestra civilizacion empieza a desvelar el chirrido mecánico de una forma de organización a todas luces injusta.

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