1982, de Sergio Olguín

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Romper con lo establecido no es nada fácil. Hacerlo respecto a los designios familiares toda vía lo es más. Pedro aborrece la carrera militar, a la que pertenecieron sus ascendientes. A sus veinte años, el chico se orienta más hacia los terrenos del pensamiento, y se decanta por las ciencias humanísticas como su espacio de formación y pertenencia.

El año 1982 fue un año de infausto recuerdo para los argentinos. En la guerra de las Malvinas acabaron pereciendo muchos soldados que defendieron la integridad de las islas en la patria. Mientras el padre de Pedro, Agusto Vidal, se encuentra destinado en plena contienda, Pedro se queda en casa, junto a su madrastra, envueltos ambos en el melancólico y enrrarecido ambiente del Buenos Aires de la época.

Quizás se daba a eso, a esa sensación de plena irrealidad provocada por el conflicto, la cuestión es que Pedro y Fátima su madrastra empiezan una tórrida historia de amor. La figura del padre siempre está ahí presente y la entrega de sus cuerpos es una mezcla entre la irreverencia y la complicidad. Pedro y Fátima lo comparten todo, sus miedos y sus anhelos, sus deseos prohibidos y sus pasión más oculta.

Los amores entregados a lo clandestino son un argumento literario de primera magnitud, el escenario presentado por Sergio Olguín, en mitad de una guerra, con unos personajes cuyas almas empapan una historia entre la tragedia y la esperanza de la vida y el amor, culminan una obra fascinante.

Solo los amores conflictivos pueden transformar una historia en algo más trascendente que los manidos argumentos de pasiones sin poso. Pero el carácter prohibido siempre acaba pasando factura, lastrando la existencia de los personajes hacia un espacio sin tiempo, un limbo de sensaciones de culpa y de deseo.

La infidelidad puede destruir un corazón. El amor puede transformar un alma perdida en un brillante espíritu. El contraste es el encuentro entre todos los protagonistas de esta historia. El padre entregado a la causa patriótica regresará, y descubrir que se pierde sangre de la patria y sangre de tu sangre puede resultar un desencadentante fatal.

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