La caricia de la bestia, de Cristina C. Pombo

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Las referencias previas es lo malo que tienen. De entrada ya piensas que el argumento de una nueva novela sintoniza con otra similar que leíste recientemente. El primer eco que me vino a la memoria al ver este libro fue El guardián Invisible de Dolores Redondo. Por aquello del bosque, el personaje siniestro que ataca a víctimas jóvenes…

Pero definitivamente la historia toma otro cáriz muy diferente a la novela citada. Conforme conocemos a los protagonistas que nos conducirán por la acción, Laura Tébar, inspectora, y el subinspector Merino, emprendemos un viaje al thriller más genuíno, aquel que nos conduce hacia el miedo a la muerte y todo lo que el imaginario popular construyó y construye en torno a ella.

Todos esos personajes malmuertos representados de mil y una formas, y considerados siempre como parte de la fantasía por los más escépticos, se manifiestan en esta novela con ese contrapeso de unos protagonistas muy poco dados a fantasía o cualesquiera elucubraciones fantásticas en torno a las víctimas que se han ido encontrando a lo largo de su carrera.

Por un lado Tébar y por otro Merino, participamos de un interesante equilibrio entre el método científico criminalístico y la intuición y la improvisación de quien tiene el sexto sentido que lo puede conducir al origen del mal. De la misma forma, ahondamos en el equilibrio entre el mal como algo palpable, tangible y reconocible y ese otro mal ignoto sobre el que se construyen leyendas y supercherías.

Lo más interesante de la historia es ese doble equilbrio entre polos. Los métodos opuestos de dos investigadores y la sustanciación del asesinato como algo más de aquí o del más alla.

Es más que probable que el destino haya juntado a Tébar y Merino para que consigan extraer la síntesis de los macabros asesinatos que los esperan, esa teoría final que pueda explicar lo inexplicable…

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