3 mejores libros de Henry Miller

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1891 – 1980

Para encontrar los orígenes de esa literatura desencantada, hedonista y transgresora que acabaron practicando en pleno siglo XX autores como Bukowski, William Burroughs o Kerouac, tenemos que retrotraernos unos pocos años antes.

Porque el precursor de ese movimiento contracultural fue Henry Miller. Seamos realistas hasta la crueldad o el demérito si hace falta. Henry Miller fue quien recobró la senda del Marqués de Sade más de un siglo después en cuanto a todo tipo de filias, por muy estrambóticas que fueran.

Sexo, perversiones, vicios y filosofía de supervivencia en la trinchera que es la vida. Porque si el Marqués de Sade se dedicó a recrearse en el sexo llegando a sus aristas más marcadas. Henry Miller abundó en ello pero aportando además ese tinte de crítica social y de existencialismo de la nada más propios de una narrativa del último siglo del milenio.

La generación beat se sustentó necesariamente de Miller, siguió hurgando en la herida abierta, descuidada y putrefacta como vía de acceso para un alma afectada por una similar necrosis.

Y ya puestos a desmontar el mito estadounidense de esta generación beat, se me hace imprescindible citar a quien probablemente fuera la mayor fuente de inspiración para Henry Miller. Se trata de Louis-Ferdinand Céline, uno de los más reconocidos escritores franceses que ya en su novela Viaje al fin de la noche, publicada en 1932, cuando Henry Miller empezaba a ganarse la vida en París, sin duda tuvo que ser una influencia directa gracias a su humor negro, su visión descarnada de la realidad, su crítica desaforada pero plenamente acertada y su presentación de personajes que ya ofrecen esa estridencia entre el sujeto y la sociedad con sus convenciones.

3 mejores novelas de Henry Miller:

  1. Trópico de cancer: La primera novela de un tipo como Henry Miller, lleno de inquietudes pero ya en una edad madura donde el desengaño suele gobernar sobre las fantasías, acabó siendo un éxito precisamente por eso, por su apertura al mundo como un tipo empeñado en el despertar de la conciencia no hacia la revolución sino hacia el esperpento y el trágico chiste que es pensar que algo pueda tener sentido. La única salida para la lucidez absoluta es la rendición a lo físico, al destello de la felicidad orgásmica, a la negación de la esperanza como única forma de alcanzar la calma en un devenir vital planificado hacia la derrota. De ahí que la novela transcurra como una búsqueda extenuante del sexo y de sus posibilidades redentoras. Paris pasa a ser, bajo el prisma de Henry Miller, una maravillosa sin city, un purgatorio hecho ciudad de luz y pasión donde Miller se detiene en ocasiones a escudriñar las almas que se cruzan por la historia.
  2. Primavera negra: Los motivos que condujeron a Henry Miller a ese viaje a Paris se construyeron en torno a una amalgama de inquietudes vitales fundamentales. Pero a su vez el viaje a Europa fue un escape necesario de ese contraste y esa contradicción que supone la afirmación de la madurez como absoluto ejercicio de alienación con respecto al entorno, a las costumbres y la idiosincrasia mamada por el autor y finalmente abandonada por inconsistente. Y cuando las costumbres y rutinas toman ese aspecto inconsistente para el autor no le queda otro remedio que buscar nuevos espacios. En esta novela colmada de ese tinte autobiográfico con que suelen abordar sus obras los escritores malditos, Henry Miller navega de un lado a otro del Atlántico, entre su pasado y sus recuerdos infantiles hasta su ruptura con todo. Pese a ello, la novela, construida en fracciones independientes, sostienen una cronología mágica, evoca una búsqueda de identidad a la vez que una afirmación de del nihilismo, construye intensas imágenes de delirante fantasía y rebaja al fango de la realidad más sórdida en un equilibrio fascinante que la convierte en una novela de épica existencial.
  3. Sexus: Ya sabemos que el sexo es un elemento sobre el que pivota gran parte de ese realismo que parece anhelar, en lo espasmódico del sexo, un punto de contacto con la inmortalidad, con lo trascendente. Cuando el protagonista de esta novela se enreda con una joven en una relación sexual de 9 puntos en la escala richter, la existencia de ambos se convierte en un cataclismo que centraliza toda la trama pero que a su vez sirve para sintonizar con una pretensión del autor de examinar nuestra sociedad sin límites. Con un toque persistente de humor ácido, la visión filosófica de las relaciones humanas a la sombra de las convenciones sociales, se convierte en un tratado de sociología sin cortapisas temáticas ni condiciones previas. La vida se puede analizar desde la explosión de un encuentro sexual, y así todo se ve con la sonrisa liberadora y la distensión de cuerpo y pensamiento. La verdad última quizás solo se pueda encontrar después de echar un buen polvo, cuando te sientes capaz de reirte del mundo.

 

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